No solo le dio vida, también se la salvó

De todos los reconocimientos que la actriz Anne Bancroft ha merecido, el más especial se debe a su hijo Max. Escribe Hans Rothgiesser.


Columnista invitado: Hans Rothgiesser*


En toda la historia del cine, hay solo 24 actrices que han recibido tanto un premio Óscar de la Academia por su actuación en una película y un Emmy por su interpretación en TV, como un Tony por lo propio en teatro, y Anne Bancroft (1931 – 2005) es una de ellas. Durante su vida, además, recibió además dos premios BAFTA, dos Globos de Oro y un premio en el Festival de Cannes. Es más, no recibió solo un Emmy, sino dos. Y también dos Tony. Del matrimonio entre esta influyente y consagrada actriz y la leyenda de la comedia Mel Brooks, nació Max.

Nacido en 1972, Max es hoy un reconocido escritor y miembro del Instituto de Guerra Moderna en West Point. Pero cuando era joven, por más que se esforzaba en el colegio, no lograba sacar buenas notas, lo que lo frustraba. Hijo de dos leyendas, quería que se sintieran orgullosos de él. No obstante, algo pasaba que lo impedía. Muchos años después lo entenderíamos: Max tenía dislexia.

No obstante, en el tiempo en el que Max iba al colegio, no se exploraba esa opción. Si un niño no rendía, era “ocioso”, “flojo” o simplemente “no estaba tratando lo suficiente”. Él recuerda que cuando un profesor le dijo que si no le estaba yendo bien en el colegio era porque no quería. Pero no era cierto. Aunque lo último que Max quería era decepcionar a sus padres, el sistema educativo lo hacía difícil para alumnos con su perfil.

Por suerte, Anne Bancroft confió en su hijo. Ella, lejos de tratarlo de ocioso o rebelde como ocurría entonces, abordó el problema junto con él, encontrando que tenía una dificultad de aprendizaje: Cuando leía, no lograba retener la lección; pero sí cuando la escuchaba.

La solución, aunque complicada, fue obvia. La cotizada actriz abandonó proyectos para leerle libros a Max. Luego, cuando la carga fue mayor, se contactó con un instituto para ciegos y coordinó para que existiera material en cassette de todo lo que Max necesitaba para el colegio. El material luego se quedaba en el instituto para lo usen otros niños y jóvenes.

No solo eso. Bancroft además se tomó el tiempo para aprender sobre la dislexia y enseñarle a su hijo técnicas de aprendizaje. En 2017, Max Brooks dijo en una entrevista sobre su madre: “no solamente me dio la vida, sino que me la salvó”. Sin todo este apoyo, él no habría podido llegar muy lejos. Pero éste dio resultados: pudo estudiar historia en Pitzed College de California, para luego seguir con cine en la American University de Washington.

Desde entonces ha sido guionista para televisión y ha escrito libros, de los cuales más de uno ha sido best-seller. World War Z incluso fue adaptado al cine. También ha escrito cómics y hecho voces para películas y para audiolibros. Y es que, como es natural con toda su experiencia que dedique esfuerzo y dinero en promover la difusión de audiolibros. En varias oportunidades ha explicado que, gracias a la versión en audio de libros, es que pudo sobrevivir en este mundo y que lo mínimo que puede hacer para agradecer a su madre es continuar esa tradición.

Anne Bancroft tiene otro mérito: el de haber tenido más confianza en su hijo que en lo que el sistema entero decía de él. No sólo eso, sino que apostó todo por él, dedicándole tiempo y sacrificando parte su carrera para ayudarlo. Más allá de todos los premios que recibiese, éste es el reconocimiento más especial que debería recibir.

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