Mientras diversos países empezaban con el despliegue de soluciones de voto electrónico, Alemania lo decretaba inconstitucional ¿Por qué actuaban contra esta modalidad?
Aunque durante el avance tecnológico el público ha ido convenciéndose -en muchos sentidos con razón- de que «lo digital es mejor» (más rápido, más confiable, más algo), cuando se trata del ejercicio de un derecho humano como es el del voto secreto, esto acaba siendo un problema para las democracias. Por ello, cada vez más países desarrollados retroceden frente al voto electrónico, por acciones de intrusismo interno y externo. ¿Y en el Perú? Aquí vamos a contravía.
Un sistema de votación -digital o no- debe ser auditable: debe permitir que cualquier ciudadano pueda «abrir» la caja de votación y ver que no esté ocurriendo nada extraño. Con una urna digital, estas condiciones se diluyen: un ciudadano no puede «abrir» para mirar lo que está haciendo la máquina.
En detalle, la transmisión de los votos, su almacenamiento, procesamiento y cómo se muestran también deben ser auditables. Por eso, cuando sumamos el que no se presenten auditorías o, casos como el boliviano o incluso el de Venezuela, donde la empresa que diseñó la máquina de votación indicó que su programación ha sido alterada por el gobierno de turno, la desconfianza aumenta. Ejemplos de lo que puede pasar cuando se quiere alterar la voluntad popular sobran.
«(c)ada vez más países desarrollados retroceden frente al voto electrónico, por acciones de intrusismo interno y externo. ¿Y en el Perú? Aquí vamos a contravía»
He leído a personas decir que votar «debería ser como ir al cajero automático», y ese es precisamente un problema: Para acceder a tus fondos (y que nadie los tome por ti), es indispensable que el sistema te identifique. Esta característica, consustancial a dicho sistema, es contrapuesta a una elección, donde se debe proteger ese principio de transparencia para evitar que alguien pueda extrapolar cómo o por quién votaste, ni pueda ser ubicado (o estigmatizado) por ello.





El último argumento que circular es el de la rapidez: se dice que «digital es más rápido». Votaciones en países con poblaciones extensas, hechas en papel, demuestran que lo digital no es más rápido, pero sí más peligroso.
El voto electrónico no asegura el secreto del voto. Si bien la encriptación hace difícil poder saber quién voto y cómo votó, no lo vuelve imposible: al final sí se puede saber. En breve estarán en el mercado computadores cuánticos que volverán caducos los mecanismos actuales criptográficos. Entonces ¿qué encriptación pretenderá utilizarse en las máquinas de voto electrónico o en la transmisión del voto?
«Un sistema de votación -digital o no- debe ser auditable: debe permitir que cualquier ciudadano pueda «abrir» la caja de votación y ver que no esté ocurriendo nada extraño»
Lo curioso es que toda esta decisión se basa en un acto de fe en la ONPE ¿Realmente tiene esta institución la fe de los votantes y los partidos para asegurar que el resultado será lo que diga? ¿Cuántos votos entrarán en disputa de modo digital? ¿cuestionarán unos si el resultado beneficia a otros? ¿Por qué no se permite la auditoria por parte de ciudadanos sino solo (como dice la norma) de los partidos políticos? ¿Por qué incluir, por ejemplo, a las facultades de ingeniería, brindándoles el código abierto para que puedan mirar y ver qué hace -o no hace- el código, o incluso hacer el mismo?
Pese a todos estos cuestionamientos, el voto electrónico es ahora ley en Perú. Y se convirtió en ella de manera curiosa, con una aprobación muy rápida y el auspicio de la bancada fujimorista, pese a los diversos informes presentados, inclusive aquel del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas sobre la seguridad del mismo. ¿Habrá encontrado un partido que ha cuestionado resultados la forma de ya no hacerlo, garantizando una seguridad técnica sobre el voto electrónico que ni siquiera los expertos en materia digital pueden afirmar?
“Quien trata de actuar ahora como vivía en el pasado, acaba cayéndose y partiéndose la cabeza» -César de Echague, «El Coyote»
Versión completa de la columna publicada en la edición impresa de diario La República el 01 de abril de 2025